VIII. Articulo "La cultura escolar determina o es construida desde la escuela"

 







Se pretende de primar la innovación, como algo a generar desde el propio centro, frente a enfoques dependientes de cómo poner más eficientemente en práctica cambios implantados externamente. Desde esta perspectiva la innovación curricular deja de ser sólo el problema de cómo implementar mejores innovaciones promovidas externamente por la Administración, para pasar -más básicamente- a ser un cambio en el modo de ejercer la profesión de la enseñanza y de funcionar los propios centros, como organizaciones y lugares de trabajo. Y es que, como hemos aprendido en las últimas décadas (Fullan, 1993), la mejora escolar no puede ser mandada o prescrita, porque los factores asociados a su efectiva realización, como son el compromiso, la iniciativa, la implicación, etc. no son objeto de imposición, sino de posibilitar condiciones y contextos como para que puedan tener lugar.

Si la cultura escolar, por el papel de conformidad y seguridad que aporta al grupo, se ha considerado como uno de los principales factores de resistencia al cambio; introducir cambios en educación va a significar considerar la escuela (Escudero y Bolívar, 1994) como unidad básica del cambio. A su vez el cambio para que suponga una mejora debe generarse desde dentro, más que por mandato externo; y proponerse capacitar al centro para desarrollar su propia cultura innovadora. La institucionalización de innovaciones, lejos de ser un problema técnico, es dependiente del grado de congruencia/disonancia con la cultura escolar existente: "Se evidencia la interacción entre cultura e implementación de una innovación. La naturaleza de la reacción organizativa cuando un centro escolar implementa una innovación depende de la cultura existente y determina en gran medida el éxito o fracaso de una innovación" (Staessens, 1993: 111). En la medida que una innovación viene a exigir nuevos modos de pensar y hacer, frente a los habituales y asentados, existe -como principio- un corte ("gap") entre cultura escolar y cambio curricular. Rossman, Corbett y Firestone (1988: 126) defienden, a este respecto, la tesis de que "La aversión al cambio varía según el carácter de las normas a cambiar y el grado de novedad del cambio". La reacción de una escuela a la innovación puede así ser entendida por referencia a la discrepancia entre las normas y valores que existen en la escuela y las normas y valores subyacentes de la innovación.

La cultura escolar, por el papel/sensación de seguridad/ continuidad que aporta al grupo -frente al flujo generado por los alumnos, cambios administrativos y reformas-, se ha considerado tradicionalmente como conservadora y uno de los principales factores de resistencia al cambio. En la medida que toda cultura organizativa es producto de patrones de conducta que se han ido consolidando a través de un largo proceso temporal, en los que se han ido socializando los nuevos miembros. Por eso, lógicamente, es reacia al cambio.

Hargreaves (1993c: 51) certeramente dice: "Cuando los maestros resisten a la innovación o se oponen a la integración curricular, por ejemplo, no es simplemente porque temen al cambio, sino que la mayoría de las veces es porque sus intereses, sus recursos y el tamaño de sus departamentos se ven amenazados. Todos los maestros son seres estratégicos y muchos de ellos son también micro políticos". Una cultura, en último extremo, se encuentra configurada por las asunciones básicas y creencias que, como respuestas aprendidas, ha ido desarrollando un grupo para sobrevivir frente a las presiones del entorno externo y para resolver los problemas de integración interna (Schein, 1990).

 Como hemos analizado y descrito, el centro escolar como cultura está constituido primariamente, más que por la estructura formal, por cómo los miembros construyen, piensan y hacen cotidianamente la escuela; entonces cualquier propuesta de cambio debe implicar una reconstrucción cultural del mismo. Hablar de "reconstruir" culturalmente el centro escolar quiere significar que, debido a la incapacidad de normas o presiones externas para promover la mejora, el cambio curricular/educativo debe ser asumido por los miembros como propio hasta lograr institucionalizarse, formando parte -tras un proceso de resocialización- de las nuevas pautas, actitudes y prácticas de acción cotidiana. El proceso de reconstrucción de los centros se refiere, igualmente, a las funciones, procesos y estructuras que puedan generar internamente las dinámicas de mejora. Esta reconstrucción cultural conlleva un proceso de aprendizaje: "es el centro -comenta González (1992: 85)- el que tiene que aprender y capacitarse como organización para ir mejorando cotidiana y continuamente. Por ello, los procesos que se desarrollen para provocar cambios han de constituir una fuente de aprendizaje que posibilite ir haciendo las cosas de otro modo, como parte de la vida cotidiana de la escuela".

El propósito del Proyecto era mejorar la educación de todos los alumnos y alumnas, al adoptar los centros modos de trabajo que permitan reconstruir las propuestas externas, sin claudicar ante ellas, de acuerdo con sus condiciones internas, intentando incrementar la capacidad de estos centros para comprometerse con iniciativas de desarrollo y mejora.

 Algunos principios del Proyecto eran:

 * La visión del centro escolar (la escuela-en-el-futuro) debe ser conseguido mediante la contribución de todos los miembros de la comunidad escolar.

 * Los centros deben tomar las presiones externas para cambiar como oportunidades relevantes para afianzar sus propias prioridades internas

. * El centro escolar intentará crear y mantener condiciones en que todos los miembros de la comunidad escolar puedan aprender exitosamente.

* El centro escolar pretenderá adoptar y desarrollar estructuras que promuevan la colaboración y la capacitación de individuos y grupos.

 * El centro escolar promoverá el punto de vista de que la supervisión y evaluación de la cualidad es una responsabilidad que deben compartir todos los miembros.

REFERNCIA PERSONAL.

Cada institución escolar tiene su propia cultura que le hace distinta a otras pues esta definida por sus costumbres, normas, valores, creencias, culturas, rituales y tradiciones. Esta cultura escolar es un factor resistente y a la vez promotor de su desarrollo, vital para el éxito o fracaso de los cambios curriculares que pudieran presentarse en el intento de mejorar la educación.  

Referencias

Bolivar, A. (1996). Cultura escolar y cambios curricular.

 

 

 


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